Estructuralismo y Semiótica – Terry Eagleton

Resumen:

El estructuralismo surgió a través de influencias de la Nueva Crítica en el sentido de que pretendía preservar la tendencia formalista y una atención a la literatura como objeto estético, sin embargo, tenía también como objetivo obtener de la literatura resultados científicos. En “Anatomy of Criticism”,  el clérigo Northrop Frye esbozó un intento por sistematizar la literatura a través de leyes objetivas. Frye diferenció entre lo cómico, lo romántico, lo trágico y lo irónico y estableció algunas “modalidades” bajo las cuales el grado de superioridad del héroe se va modificando. Para Frye era esencial dejar a un lado cualquier tipo de contaminación subjetiva como juicios de valor y elementos históricos para establecer un sistema literario universal. En este sentido, la literatura no refleja la realidad ni la psique del autor sino solamente una estructura verbal autónoma y un sueño colectivo de la especie humana. Frye sitúa a la literatura como un sustituto ideológico para la religión, por lo tanto, distingue entre mitos de libertad (liberales) y de interés (conservadores) como una forma de categorizar la literatura.
Frye puede ser considerado un estructuralista, sin embargo, hay un factor clave que carece su obra: el carácter relacional del estructuralismo clásico. Esta corriente literaria pone énfasis en la estructura relacional de una imagen con la otra, y las relaciones de los elementos deben ser analizadas a través de ejes y posiciones. Este método surgió a raíz de la influencia del Curso de Lingüística General de Ferdinand de Saussure, que consideraba el lenguaje como un sistema completo de signos que expresa relaciones entre el significante (signos) y el significado (imagen real). El significante evoca un significado de manera arbitraria que responde a un acuerdo histórico y cultural, y es necesario que cada significante sea diferente a todos los demás. Las ideas de Saussure influyeron enormemente en el formalismo ruso, sobre todo en e lingüista Roman Jakobson que junto con Claude Lévi-Strauss desarrollaron el estructuralismo moderno.
Para Jakobson, la literatura desconecta el signo y el referente, y le da al signo un valor en sí mismo, por lo tanto, es necesario ocupar nuestra atención solamente en el lenguaje. Fue él quien exploró conceptos como contexto, código, emisor, receptor, etc. Jakobson también distinguió entre la metáfora (sustitución) y la metonimia (asociación). La escuela de Praga, a la que perteneció Jakobson, se encargó de dibujar la línea que separa el formalismo y el estructuralismo. A pesar de que ambas corrientes pretenden desfamiliarizar la literatura de su contexto, el estructuralismo sistematizó las ideas formalistas en el contexto de las ideas de Saussure en términos de las relaciones entre unidades individuales. Así, el estructuralismo se fundió con la semiótica, es decir, el estudio sistemático de los signos.
Yuri Lotman fue otra figura importante del estructuralismo moderno, para él, “el significado solo existe dentro del contexto, regido por grupos de semejanzas y oposiciones”[1]. Lotman también valora mucho la cantidad de información que contenga un poema, pues para él, la información es belleza. Otro tema importante es la interdependencia entre palabras en un poema para formar un conjunto de estructuras formales,  Lotman considera que el texto poético es el discurso más complejo existente porque encierra muchos sistemas con diversas “tensiones, paralelismos, repeticiones y oposiciones”[2]. Es importante mencionar que Lotman toma algunos elementos de la teoría de la recepción y reivindica al lector como el único que puede identificar recursos en una obra en base a sus propios códigos.
En el campo de la narratología el estructuralismo también trajo grandes contribuciones con figuras como Greimas, Todorov, Barthes y Bremond. Claude Lévi-Strauss fue el pionero de esta corriente analítica, que considera que un mito debe ser analizado en función a las operaciones mentales que lo integran. Entre los aportes al estructuralismo encontramos la Morfología de Propp, el cuadro actancial de Greimas y el análisis gramatical de Todorov. Genette es otro colaborador con esta teoría, él distingue conceptos como orden, duración, frecuencia, disposición (distancia, perspectiva), enfoque y voz (narrador heterodiegético, homodiegético o autodiegético).
Entre los grandes logros del estructuralismo está la “desmitificación de la literatura”[3] y la valoración del lenguaje como una construcción cuyos objetos pueden ser analizados como en cualquier otra ciencia. El estructuralismo rompe con el status quo del impresionismo literario, pues se opone a la idea de que los seres humanos tenemos el mundo bajo nuestro control. Eagleton tacha al estructuralismo de “espeluznantemente antihistórico”, que deja a un lado el referente y enfocarse en la estructura del signo solamente. Para Eagleton, no todo puede reducirse a un discurso y la literatura no se debe desligar de las prácticas sociales a las que responde. Entre las críticas al estructuralismo está también la separación de la obra del sujeto que la narra y del objeto que representa, por tanto la obra se limita solo a un sistema de reglas. Para figuras que criticaban al estructuralismo como Bajtín y Riffaterre, es esencial analizar las condiciones bajo las que el lenguaje opera, y las connotaciones del texto. Para estos críticos, el signo no es un elemento absoluto y natural sino un producto de las interacciones sociales que también deben ser consideradas.
El estructuralismo nace del ímpetu de Saussure por estudiar la langue en vez de la parole, y desasociar el lenguaje de todo su contexto. El estructuralismo también esboza el concepto de lector ideal, es decir, un ser humano que disponga de todos los códigos y pueda analizar la obra tal y como es. Para ello, el lector debía estar despojado de cualquier condición social, económica, étnica, etc. Finalmente, Eagleton analiza el concepto de las reglas en el estructuralismo y cómo la aplicación de una regla en la literatura puede llegar a ser altamente subjetiva. 

Comentario personal:
“No se trataba de relacionar la obra con las realidades de las cuales se ocupaba, o con las condiciones que la producían, o con los lectores que la estudiaban, ya que la actitud fundadora del estructuralismo consistió en no hacer caso de tales realidades”[4].- Terry Eagleton.
Mientras leía las primeras páginas del texto de Eagleton, relacioné el estructuralismo con los intentos para aplicar el método científico en la ciencia política, y obtener así generalizaciones sobre el comportamiento de la sociedad. Estas aproximaciones representaron un intento ciego por sistematizar la conducta de seres humanos, sin embargo, sin métodos cuantitativos, y formas de operacionalizar fenómenos sociales, la ciencia política nunca se hubiera convertido en una disciplina académica. En mi opinión, algo similar ocurre en el estructuralismo, donde el signo importa mucho más que el referente y se pretende aislar al texto de cualquier condición social. De no ser por esta corriente, muchos de los conceptos que hoy se utilizan para analizar más objetivamente un texto, serían inexistentes. Al leer este capítulo, recordé que en la malla curricular de la clase de literatura del colegio aprendí sobre el cuadro actancial de Greimas y sobre la Morfología de Propp, sin embargo, ignoraba completamente que estos conceptos provenían de la corriente estructuralista del análisis literario.
Al analizar el debate estructuralista entre la realidad como producto del lenguaje, o el lenguaje como un reflejo de la realidad, también relacioné esto con la discusión sobre la cultura y las instituciones en el forjamiento de una sociedad. En mi opinión, ambos debates tienen como respuesta la interdependencia de ambos elementos: si las instituciones estatales de una sociedad son disfuncionales, la cultura de una sociedad será diferente de otra en la cual las instituciones estén mejor manejadas. El lenguaje es un reflejo de la sociedad, tanto en cuanto proviene de ella, sin embargo, a través del lenguaje somos capaces de construir nuestra realidad y comunicarla a los demás.
El estructuralismo logró que la crítica literaria se convierta en  “una actividad más disciplinada y menos impresionista”[5], y plantó las semillas de una teoría de significados que estudia los signos en relación a sus significados, sin embargo, no creo que haya logrado despojar de subjetividad al análisis literario. A pesar de que el estructuralismo pretende considerar al lenguaje como un tema, y se ocupa de ubicar las relaciones entre unidades en una suerte de plano  cartesiano, no establece suficientes parámetros para que el lector tome una decisión con respecto a donde ubicar a cada una. Con esto me refiero a que todavía depende del lector dictaminar si dos elementos tienen una relación paralela o si se los puede colocar en un eje horizontal. Ahora bien, creo que si cualquier corriente de crítica literaria pretendería establecer estos parámetros, caeríamos en una arbitrariedad total.
En este sentido, considero que el estructuralismo nació con la intención idealista de sistematizar los textos, sin embargo, se encontró con varios obstáculos. Al ser la literatura un arte, la interpretación seguirá siendo subjetiva porque cada lector decidirá qué recursos escoger, qué oposiciones identificar, en base su propia idiosincrasia. Eagleton menciona un claro ejemplo cuando menciona el análisis de Lévi-Strauss y Jakobson sobre Los gatos de Baudelaire, donde los críticos estructuralistas ignoran las connotaciones que hay en este texto. Muestra del idealismo de los estructuralistas es la idea de un lector ideal, erudito y despojado de todo condicionamiento social que sea capaz de entender a la perfección un texto. Creo que esto se conecta estrechamente con un elemento que me pareció problemático: la idea de una mente colectiva superior donde radican todas las estructuras.
En conclusión, considero que el estructuralismo ha aportado enormemente en el desarrollo de la disciplina académica del análisis literario, y ha esbozado conceptos clave del estudio académico de la literatura, no obstante,  menosprecia las causas y efectos de la literatura, las redes sociales que tiene a su alrededor y la lucha ideológica que puede representar. 


Referencias:
Eagleton, T. (1998). Una introducción a la teoría literaria. Buenos Aires: Fondo de Cultura Economica.



[1] (Eagleton, 1998). Página 65.
[2] Ibíd.
[3] Ibíd. Página 68.
[4] Ibíd. Página 69.
[5] Ibíd. Página 66.

Cómo está hecho El Capote de Gogol – Boris Eichenbaum



Resumen:
I:
Eichenbaum comienza por reflexionar sobre la literatura general y afirma que el tono personal del autor se puede representar como principio organizador de una obra o solamente como un vínculo formal auxiliar. Según Eichenbaum, si el argumento es solo un vehículo para tonos estilísticos, los elementos que pueden parecer irrelevantes, se tornan esenciales. De esta forma, deja a un lado la importancia del tratamiento del tema o de sentimientos que pueda expresar una obra y se centra solamente en los componentes lingüísticos que contiene. Eichenbaum comienza a reflexionar sobre la literatura de Gógol, donde se parte de una situación cómica y desarrolla su relato alrededor de la comedia, el argumento nunca es lo primordial. Eichenbaum encuentra varios ejemplos para mostrar que a Gógol le resultaba mucho más complicado encontrar un argumento que redactar una comedia con componentes linguísiticos como el retruécano y la metonimia.. Eichenbaum también habla sobre la capacidad de Gógol de declamar, y muestra a través de muchos ejemplos, que sabía leer sus propias obras como nadie.
Al final del capítulo, Eichenbaum afirma que Gógol tiende al relato directo, y a reproducir “imágenes vivas de la lengua hablada y de las emociones inherentes al discurso”[1]. Gógol busca crear una semántica fónica, donde le da importancia a los sonidos de la palabra y al efecto acústico que esta crearía. Gógol también considera primordial que los nombres de los personajes se construyan como un ideal fonético, pero también cómico, por ejemplo, en El Capote Bashmachkin hace referencia a un zapato.
En este capítulo vemos que según Eichenbaum el tema no tiene más que una importancia marginal y es, por esencia, estático. Los personajes no proyectan más que una actitud y lo más relevante es el juego estilístico que construya el autor con el lenguaje.
II:
En el segundo capítulo Eichenbaum comienza por exaltar los retruécanos en las primeras líneas de “El Capote”, y en el nombre de Akakiy Akakievich. Luego, estipula que Bashmachkin es un nombre cómico enmascarado en una apariencia seria. Para Eichenbaum, los retruécanos caen en un absurdo lógico que es escondido a través de una sintaxis rigurosa, por ello encontramos elementos como la progresión rítmica y las terminaciones rimadas. Para demostrarnos su punto, Eichenbaum muestra algunas diferencias entre los borradores y el cuento final y notamos así que existen grandes diferencias entre la forma de escribir de un borrador a otro, a pesar de que el significado es el mismo, y el contenido no cambia, el lenguaje se va modificando en términos de  entonación y lo que Eichenbaum llama “principios articulatorios y mímicos”[2].
Gógol también recurre a una simplificación inesperada, es así que  las palabras mismas se vuelven extrañas, insólitas, impresionan el oído como si hubieran sido descompuestas o mentadas por primera vez por Gogol[3]. En El Capote, el narrador también incorpora detalles superfluos y juicios de valor sobre ciertos asuntos, por ejemplo, cuando se habla del nacimiento de Akakievich y sus padrinos, se dice que “a la derecha se hallaba el padrino, Iván Ivanovich Yeroshkin, hombre excelente, jefe de oficina en el Senado”[4] . En otros casos, la narración toma la forma de un diálogo familiar, por ejemplo, cuando se hace referencia a la mujer de Petrovich “Ya que hemos mencionado a su mujer, convendría decir algunas palabras acerca de ella”[5]. De esta forma, notamos que el narador a veces se aparta de la anécdota principal para contar “anécdotas disgresivas”, secundarias, que no se relacionan con la obra. Todas las técnicas lingüísticas mencionadas anteriormente causan una mezcla entre risa y sufrimiento, que Eichenbaum define como un efecto grotesco.
III:
En el tercer capítulo Eichenbaum menciona que el relato de Gógol es mímico y declamatorio, por lo tanto requiere de un comediante que lo interprete. En esta sección, Eichenbaum deconstruye el relato de Gógol para analizar los elementos de cada sección. Primero, analiza el comienzo, donde hay un intercambio en el tono del narrador entre un tono personal y uno más formal. Eichenbaum describe el texto de una manera teatral, y muestra al lector dónde hay muecas, torpes repeticiones y alteraciones de tono, por ejemplo, Eichenbaum destaca que muchas veces se comienzan las oraciones con un “Y” que denotan crecimiento de la intensidad. Luego, Eichenbaum hace una reflexión sobre la relación de la psique del autor con la obra de arte, y se muestra totalmente en contra de que se tracen conclusiones sobre el autor a partir de su creación artificial. A más de la narración cómica Eichenbaum distingue interpolaciones con episodios melodramáticos que contrastan con la burla. La composición del cuento termina por ser grotesca, contiene exageraciones de detalles insignificantes que ascienden a un primer plano y a veces el tono llega a ser descuidado. Eichenbaum habla“de la posibilidad que adquiere Gogol de conciliar lo inconciliable, de exagerar lo insignificante y de minimizar lo importante, habiendo previamente aislado de la vasta realidad el mundo de relato”[6].
Luego, Eichenbaum habla sobre el final del cuento, y lo califica como fantástico y grotesco. Eichenbaum afirma que a través de este final, la obra abandona todo realismo, y entra en lo fantástico. 

Comentario Personal:
“Cómo está hecho El Capote” me pareció un texto interesante y sobre todo diferente. Cuando leí El Capote, noté tintes de comedia y sobre todo satíricos, pero nunca pensé en la cantidad de recursos literarios tan pensados que esconde esta obra. Me sorprendió mucho el cambio de escritura que Gógol tiene de un borrador a otro, porque a pesar de que el contenido es el mismo, la estructura fonética va cambiando. Eichenbaum establece un ejemplo claro: “en ese departamento trabaja entonces un funcionario bastante oscuro, bajo de estatura, calvo, ligeramente picado de viruelas y también, a primera vista un poco miope” es lo primero que escribe. Para su último borrador, en cambio, el texto dice: “Era bajo de estatura, algo picado de viruelas, un tanto pelirrojo y también algo corto de vista, con una pequeña calvicie en la frente, las mejillas llenas de arrugas y el rostro pálido, como el de las personas que padecen de hemorroides...”.  A través de sus borradores, Gógol va cambiando el orden de las palabras y sobre todo se encarga de buscar los fonemas adecuados mientras que los rasgos físicos de Akakievich se mantienen casi intactos.
Eichenbaum, entonces, se ocupa de analizar cómo suenan las palabras, cómo son leídas, su ordenamiento, y no hace ninguna referencia al tema de la obra. Inclusive, Eichenbaum se muestra en contra de que se haga cualquier relación con la vida personal del autor, notamos entonces que para el formalismo ruso es necesario separar el texto de cualquier conexión externa y considerarlo como un todo independiente de otros factores.  Personalmente me resulta muy difícil separar a una obra de su contexto histórico y de la realidad social que pretende reflejar, sobre todo cuando existe intertextualidad en una obra y se hace referencia a otros textos del mismo u otro autor –como de Rocamadour en Cien años de Soledad–, ¿Qué es lo que un crítico formalista haría en ese caso?
Me parece que “Cómo está hecho el Capote” es un texto meramente formalista que no se ocupa de buscar alegorías ni símbolos, sino fonemas y recursos literarios. Para lograrlo, Eichenbaum deconstruye la obra en diferentes apartados y analiza cada uno de ellos, lo que considero una tarea complicada y formidable. Lo más complejo creo que es despojar toda subjetividad del texto y retractarnos de hacer cualquier interpretación. Rescato el inmenso valor del formalismo por tratar de hacer de la crítica literaria mucho más  objetiva y establecer que hay un valor lingüístico más allá de las ideas que una obra expresa, sin embargo, creo que sería mucho mejor encontrar un complemento entre el análisis del tema y los símbolos que una obra contenga y los recursos lingüísticos.


[1] ( Antología preparada y presentada por Tzvetan Todorov, 1991), Página 5.
[2] Ibíd. Página 6.
[3] Ibíd. Página 7.
[4] Ibíd. Página 8.
[5] Ibíd.
[6] Ibíd. Página 11.

El capote – Nikolai Gógol



Resumen:

El narrador cuenta al lector en estilo de conversación con el lector, es decir, es un narrador en tercera persona que pareció enterarse de los acontecimientos sucedidos a Akakievich. Primero, se menciona que Akakiy Akakievich era un funcionario público de un departamento ministeria, luego se cuenta sobre su vida, nacimiento y bautizo y la unicidad de su nombre “cual si presintiera que había de ser consejero titular”. Akakievich era un copista muy trabajador, sin  embargo, en el trabajo se burlaban de él, tanto sus superiores como inferiores. Realizaba su trabajo de forma impecable, nunca cometió errores, y cuando le fastidiaban él solamente decía “¡Dejadme! ¿Por qué me ofendéis?”. Su vida cotidiana estaba marcada por una obsesión por copiar letras, a tal punto que rechazó un trabajo más importante que se le ofreció. Akakievich no se percataba de lo que ocurría alrededor, mientras todo el mundo se divertía, ya sea en un teatro, en una fiesta o en la casa de algún compañero, él no hacía nada.

Su desgracia comenzó cuando empezó a sentir un dolor en su espalda y hombro, y se dio cuenta que fue causado por su abrigo roto, por lo que lo llevó donde el sastre Petrovich. Akakievich buscaba que Petrovich remiende su abrigo por dos rublos pero Petrovich le dice que es imposible, pues la tela está podrida y debe mandarse a hacer uno nuevo. Akakievich lo vuelve a buscar y le pide que lo remiende, pero Petrovich desiste, toma diez kopeks y dice que le hará uno nuevo. Para poder pagar su nuevo abrigo, Akakievich se privó de muchas actividades e inclusive de comer, y con suerte, después de seis meses consiguió el dinero. Durante este tiempo,  la idea del abrigo comenzó a alimentarle el alma, y así, Akakievich era un hombre más feliz, más distraído.

Después de dos semanas Petrovich le llevó el abrigo a su casa y Akakievich fue al trabajo con su nuevo abrigo en el día más solemne de toda su vida. Cada vez que pensaba en el abrigo se sonreía y sus compañeros de trabajo lo felicitaron, a tal punto, que el ayudante del jefe ofreció una fiesta en su casa por el nuevo abrigo. Akakievich regresó del trabajo, no copió nada, fue a la fiesta y se tomó dos copas antes de volver a casa. Cuando Akakievich estaba regresando, dos hombres le robaron el abrigo.

Luego fue a ver al Comisario, de quien no recibió ninguna ayuda, por lo que decidió recurrir a una alta personalidad, un general soberbio que en vez de ayudarle lo reprimió groseramente. Cuando Akakievich fue a buscarlo, debió esperar durante muchas horas y cuando le contó al general los acontecimientos, él le reprimió por no haber seguido el proceso adecuado. Al volver a su casa, Akakievich tenía fiebre y había comenzado a delirar, hablando solamente sobre el abrigo, sobre Petrovich, y ante todo, insultando al general. Poco después Akakievich murió.

Después de su muerte, se comenzó a hablar de un fantasma que robaba el abrigo a toda persona que pasaba por el puente de Kalenik, y ni siquiera la policía pudo atraparlo. El fantasma de Akakievich dejó de existir cuando le robó el abrigo al general.


Comentario Personal:

Dentro del relato “El capote”, se evidencian muchos problemas de la sociedad rusa, como por ejemplo, las desigualdades sociales y la excesiva burocracia. El cuento se desarrolla en un ambiente propio de Petersburgo, donde el frío es un factor crucial en la vida de cada ciudadano, sobre todo, de los que no tienen posibilidades económicas. Una de las escenas que más me impactó fue la travesía de Akakievich desde su casa hasta la fiesta del asistente del jefe, pues recorre calles desoladas, poco alumbradas y se dirige a un sector lleno de lujos, donde el arte es prácticamente un privilegio –la pintura –.

El cuento es también una sátira a los procesos burocráticos de la Rusia de aquel tiempo, esto se puede evidenciar a través de la “alta personalidad”, calificativo que se emplea de forma irónica para describir al general. Este hombre, a pesar de ser una persona de buen corazón, sensible, se deja llevar por su cargo y se llena de orgullo. El narrador afirma que “Así, en nuestra santa Rusia, todo está contagiado de la manía de imitar y cada cual se afana en imitar a su superior”, para demostrar que el general siempre procura ser severo y reprender a sus subalternos. También vemos que existe una fuerte crítica a la deshumanización del hombre, pues cuando Akakievich muere, lo único que hacen los funcionarios de su oficina es reemplazarlo con otro copista y no se muestran afligidos ante la muerte de su compañero. Cuando Akakievich les comenta a sus compañeros sobre el robo de su abrigo, los pocos que tratan de ayudarlo consiguen una suma insignificante, porque todos requerían comprar un libro como había dispuesto el jefe y contribuir para el retrato del director.  

El narrador no solamente se limita a contar la historia de Akakievich, sino que hace también algunas acotaciones sobre la moralidad de la sociedad y emite comentarios acerca de los acontecimientos en la vida de Akakievich, por lo que podemos afirmar que es un narrador editorial o inclusive multiselectivo, dada la subjetividad del relato, por ejemplo, cuando se refiere al frío dice “enemigo no es otro que nuestras heladas nórdicas, aunque, por lo demás, se dice que son muy sanas”. También cabe mencionar que a lo largo de la narración, el relato pretende ser cómico, pero termina por ser satírico y cargado de ironía. Muchas veces se hacen aseveraciones cómicas que pasan desapercibidas, por ejemplo, cuando el narrador se refiere a la apariencia física de la esposa de Petrovich.